FOREVER TANGO 

aquella danza eterna

LA CULTURA POPULAR MAS CLASICA DEL MUNDO

 

El tango, esa música, esa danza considerada casi “un clásico” en el mundo nos da siempre la oportunidad de sorprendernos. Testimoniar la reacción de auditorios diferentes. Localizar sus centros de atracción, puede ser una experiencia invalorable.

 

Sabemos la importancia que ha cobrado esta «danza eterna», como dice él subtitulo del espectáculo en este mundo provisto de los facilismos de una sociedad de consumo. La masificación del  “Hot‑dog”, de los “Power Rangers”  de la violencia y el crimen por computadora. Hombre y Mujer dejaron de ser uno para dispersarse en muchos y en ninguno. El tango va a las bases, la pareja que se encuentra, comparte un espacio y se hace uno, “un cuerpo con cuatro piernas” dirían los milongueros, La música alimenta ese monstruo de cuatro piernas que, armónicamente, hiende el espacio. En el tango, como en el Jazz, es tan importante lo que se dice torno lo que no se dice, lo que se ve como lo que se oculta, la figura como el fondo, el sonido como el silencio o el movimiento como la quietud.

 

LAS CALLES DE SAN FRANCISCO

 

San Francisco es una ciudad con características propias dentro de la geografía de los Estados Unidos. Fue cuna de los movimientos "contraculturales" de la década del '60, Alberga en sus alrededores “campus” universitarios de gran fama por sus avances educativos y su nivel de apertura intelectual. Se respira un clima de una gran distinción, gente que vive sin prejuicios. No es casual que esta ciudad que se enorgullece de sus líneas de tranvías, de sus barrios de inmigrantes, que mezcla en su arquitectura lo clásico con lo “moderno”, lo milenario con lo del último minuto, haya sido la que adoptó al espectáculo “Forever Tango” casi como propio desde hace dieciocho meses.

 

Llegar a San Francisco y encontrarse con el recambio de la compañía “Forever…”  es un acontecimiento único en los días que corren. Singular éxito de este espectáculo que, estoy seguro, aún no alcanzó ni su techo artístico ni su cosecha de éxitos. Encontrarse con músicos y bailarines que lograron comprender ese “trabajo de equipo” que tanto nos cuesta a los argentinos. El caso era, que el sábado 10 de junio coincidiendo con el año de éxito de  “Forever...”  en San Francisco, la compañía se desdoblaba para estrenar una semana después en Londres, una de las ciudades más importantes del espectáculo mundial. El desafío de Luis Bravo y su gente era una apuesta fuerte. Dos compañías gemelas actuando simultáneamente en dos capitales del mundo. Tiene el que escribe el honor de poder contarlo. La continuidad en San Francisco y San José, donde “Forever...”, con una compañía que mezclaba a los “históricos” con los “recién llegados”, puso a tres mil personas de pie y ovacionándolos en el "Center of Performing Arts” en dos funciones del sábado por la tarde (la primera empezó a las tres), y el desembarco en uno de los mas importantes teatros de Londres. Veintisiete artistas en escena, técnicos y todo un equipo de gente que trabaja profesionalmente. La férrea voluntad de Luis Bravo llevó adelante esta epopeya tanguera que  sin ninguna duda, no será la última que emprenda.

 

A partir del ese día, la compañía se duplicó, quedó la orquesta dirigida por Walter Ríos, un músico carismático y talentoso. Los maestros Héctor Salva, Huber Casellas y Santos Maggi en bandoneones; el inspirado Mario Araolaza en el piano. el primer violín del americano Jeremy Cohen junto a Ezequiel Amador; Ron Erickson en viola; Dino Quarleri en cello; Enrique Guerra en contrabajo y Karen Eddleman en teclados. Quedaron, cumpliendo como los mejores los bailarines Jorge Torres y Karina Piazza, Jesús Velázquez y Paola Parrondo, Pampa Cortés y Silvia Ortega, Luis Castro y Claudia Mendoza; María Lemos y Roberto Contreras, Omar y Viviana Mazzeí, Alejandro Totto y Tiffany Heft . A cargo de los cantables con su acostumbrada solvencia Jorge Sobral y Noemí Marcela.

 

NIEBLAS DE LONDRES

 

Domingo y lunes fueron días de viajes y traslados. Aterrizar en Londres con llovizna y niebla es casi un clásico y también que dos horas después salga el sol. Climas cambiantes le dan el encanto y el carácter a la capital del imperio británico y modelan también a sus habitantes

 

Londres es una ciudad eminentemente turística, con una gran tradición en los espectáculos.

Todos los géneros están representados. Hay un público ávido y que continuamente se renueva, de allí que en este tipo de ciudad, los espectáculos se mantengan en cartelera durante años.

 

Londres no es una ciudad que tenga “tradición de tango” como París, pero comienza a tomarle el gusto, Podemos hablar de algunas “milongas” en Londres (Ver recuadro aparte), gente que de a poco se acostumbra a este género tan lejano en sus formas expresivas al anglosajón.

 

El desembarco se vuelve, algunas veces, árido por el famoso “choque de culturas”, convengamos que hay cosas a las que uno no se acostumbraría jamás.

Diferentes tiempos, diferentes idiosincrasias. La expectativa era enorme. El primer encuentro con la esquina del teatro Strand en la calle Aldwych fue impresionante al ver la marquesina de “Forever Tango” forrando el frente a lo ancho y a lo alto,

 

Llegó el jueves y un ensayo general a puertas abiertas se transformó en la primera función del espectáculo.

Con Luis Bravo manejando manualmente la puesta de luces con su infinidad de variantes, la incompatibilidad de las computadoras algunas veces hace catrazos. El público de este primer round respondió muy bien, Siguieron funciones el viernes, sábado y el lunes. Así llegamos, me incluyo porque me sentí uno más cinchando por el tango a la función clave, donde estada presente toda la temible prensa inglesa, que ha sido, históricamente, bastante desfavorable para los “tangueros”. La función fue lo mejor que me tocó ver de “Forever…”. Con la sensación de la misión cumplida todos festejamos que el tango estuviera allí y representado por un producto de indudable calidad.

 

Nos sorprendió la mañana siguiente con algunas de las mejores críticas que un espectáculo de tango haya recibido de la esquiva y sarcástica prensa londinense. El público nunca dudó y apostó fuerte. Ovaciones de pie saludaron a “Forever…” hasta el 24 de septiembre pasado, última función de esta etapa,

 

EL TANGO SIEMPRE ESTUVO PARA QUEDARSE

 

Forever Tango es la criatura de Luis Bravo, músico, mas precisamente cellista, santiagueño de Añatuya, exiliado cultural de nuestro país y ciudadano del mundo,

Esta criatura fue concebida a partir de la música de tango, nace a partir del romance entre dos figuras sublimadas: El Bandoneón y La Noche. De ese encuentro se suceden las situaciones dramáticas sobre el escenario que tienen una obertura, desarrollo en dos partes y un final,

 

Los padres carnales de la criatura son Luis Bravo y su compañero y amigo, el bandoneonísta Lisandro Adrover que concibieron, a partir de la música y las orquestaciones a “Forever Tango”. La banda musical está estructurada sobre una selección de clásicos, base para que surjan los personajes que interpretan los bailarines. Con una orquesta afiatada, orquestaciones brillantes con manejo de las diferentes voces del conjunto, una dirección vibrante, solistas inspirados y una puesta de luces que tipifica los personajes, los bailarines crean cada cuadro como una verdadera situación dramática.

 

El BANDONEON Y LA NOCHE

 

A pesar de no haber sido el primero en abordar el género tanguístico, el bandoneón llegó para quedarse y convertirse en el instrumento emblemático. Aquel “lamento del desarraigo” expresaba cabalmente el sufrimiento del inmigrante de las dos primeras décadas del siglo. Ese desarraigo y ese sufrimiento tuvieron en el sonido del bandoneón su impronta. Los exilios modernos también podrían estar representados por ese mismo sonido, no es casual que quien sublima esta idea haya sufrido dos exilios: de Santiago del Estero y de Argentina.

 

En el inicio un bandoneón de proporciones enormes descansa su fueye sobre la escena mientras un dulce preludio invita a su animación, El fuelle cobra vida y una figura humana sale en búsqueda de su amada: La Noche. Sandor y Miriam bailan el pas‑de-deux comenzando el diálogo y el romance. Luego desaparecen para dejar escuchar la obertura con la orquesta proponiendo una síntesis músico‑argumental de “lo que vendrá”.

 

El burdel ejerce sobre el tango una influencia como ámbito, si bien no ha sido el único en el que se ha desarrollado, que indudablemente se ha visto reflejada en algunas letrillas, pasos de baile y expresiones. Como tal es el ámbito en el cual se desarrolla el segundo cuadro del espectáculo. La competencia en el baile de tango muchas veces esconde la seducci6n por una mujer. La escena representa una pelea a cuchillo entre dos compadritos con coreografía de tango sobre “El Choclo”. Participa casi toda la compañía, se destaca la picardía de Héctor Mayoral en su “cafisho milonguero” que al final pone orden y todo vuelve al tango.

 

Armando Pontier, ese zarateño genial, hace su entrada como colofón de la situación anterior, al final todos quedan amigos y la orquesta toca el clásico “A Los Amigos”. Aquí el bandoneón “cadenero” de Lisandro guía a la orquesta desde los primeros “arrastres” hasta el frenesí, se destacan también el lirismo de Miguel Bertero (primer violín), la fuerza expresiva de Silvio Acosta (contrabajo) y algunas líneas de lujo de Femando Marzán al piano.

 

Vicente Cutolo dice que en noviembre de 1875 se inauguraba “Hansen” cómo restaurante, llamado así por el nombre de su primer permisionario Juan Hansen. Ubicado en la esquina de las avenidas Sarmiento y Casares (hoy Figueroa Alcorta). Evocando tos tiempos de “Hansen” Natalia Hills y Diego Di Falco  bailan “Derecho Viejo” de Eduardo Arolas como si realmente hubieran vivido ese tiempo. La expresión y la fuerza en una conjunción perfecta!

 

El tango-canción no podía faltar y Sandra Cabal, juvenil pero con personalidad, expresa el suburbio de Manzi en “Barrio de Tango”

 

Héctor Mayoral y Elsa María dan su versión del inolvidable tango de Maffia “La Mariposa” con un arreglo que recuerda la versión de Osvaldo Pugliese. Mayoral es genio y figura en el escenario y tiene su partenaire ideal y distinguida en Elsa.

 

En los primeros años del siglo el tango ya triunfaba en París con Alfredo Gobbi, Flora Rodríguez y Ángel Villoldo, un tiempo después proliferan las “academias” de baile de tango donde los “cajetillas” franceses se floreaban con cortes y quebradas. Guillermina y Roberto Reis se deslizan por los salones parisinos al compás de “Comme I’ll Faut" de otro exportado a Francia: Eduardo Arolas. La distinción y elegancia de los bailarines hacen que la intención de los que “tiraban manteca al techo” quede realmente reflejada.

 

Desde las luces de París nos trasladamos a los brillos de las teclas del “fueye” del gran Pedro Laurenz evocado por una magnífica versión de su tema “Berretín” con los cuatro bandoneones y el contrabajo. Lisandro Adrover, Víctor Lavallén, Héctor Del Curto, Carlos Niessi y Silvio Acostase sacan chispas…

 

Pasada la catarsis bandoneonística Carlos e Inés Bórquez realizan otra catarsis asumiendo los “roles” con la furia y la histeria propia de esta época. El tango de “Los Bórquez” es el más representativo de estos tiempos, un sainete grotesco de fin de siglo. El público comprende “lo diferente" y lo ovaciona porque aquí también hay vertientes de algunos aspectos de la danza contemporánea. “La Tablada” de Francisco Canaro es la base para este cuadro.

 

La bajada de decibeles está a cargo de una hermosa y medida versión de Carlos Morel del clásico gardeliano “El Día Que Me Quieras”. Después la orquesta vuelve al ataque con “Recuerdo” de Osvaldo Pugliese, los arreglos de Lisandro Adrover siempre tienen cosas nuevas que contarnos de los tangos clásicos, aquí se lucen nuevamente su bandoneón y las cuerdas.

 

Guillermo Merlo y Cecilia Saia introducen al público dentro de la década del '40 con otro clásico de Armando Pontier: “Milongueando en el '40”. A la técnica y desenvoltura sobre el escenario, la pareja le agrega una personalidad a sus caracterizaciones expresadas con todo el cuerpo.

Un momento después e1 escenario se oscurece casi brutalmente y de la penumbra surgen las cuerdas sombrías con aires de marcha fúnebre, no cabe duda que aquello es un responso pero tanguero, profundo, sentido. Estremece escuchar la música, nacida sin demasiadas pretensiones, sonar como la mejor Sinfonía del mundo. Aníbal Troilo estaría orgulloso de que el homenaje a su amigo también de Añatuya, Homero Manzi, fuera universalizado de forma que cualquiera de nosotros pudiera alguna vez ser despedido por esta magnífica música.

Cambia otra vez el humor para finalizar la primera parte con otro de los ritmos del Río de la Plata, el candombe. Evocando las “patrias negras” de fin de siglo 19 y principios del 20 en varios barrios de Buenos Aires, la compañía baila “Azabache”, que Enrique Mario Francini y  Héctor Stamponi compusieron con la poesía de Homero Expósito. Sandra Cabal y Cortos Morel cantan acompañando a los bailarines. Final con gracia y ritmo.

 

La segunda parte abre con una magnífica versión de Guillermina y Roberto Reis del clásico de Mariano Mores “Tanguera”, una fantasía en milonga que tiene el sabor de las comedias musicales que producía Francisco Canaro en la calle Corrientes. Elegancia, distinción, técnica y fuerza expresiva son atributos que la pareja pone en juego sobre el escenario. El porte de é1 y la plasticidad increíble de ella brillan en cada una de las figuras que componen su coreografía. Este es el tango‑espectáculo, abierto, lujoso, que evoca las grandes producciones sin perder esencia.

 

De la amplitud y vuelo de “Tanguera” se pasa a la introspección de la música que Eduardo Rovira. dedicara “A Evaristo Carriego”. Carriego fue un poeta que cantó a los amores desencontrados. La historia que Roberto Tonet “El Alemán” y Marcela Durán nos cuentan es la relación desen­contrada de una pareja‑despareja, Un veterano bailarín se encuentra con una joven que lo desprecia hasta que acepta el convite para bailar. Las miradas se cargan de seducción y los cuerpos de erotismo. Los intersticios dibujan diferentes escenas de la pareja, un instante muy juntos, al otro separados... El veterano ducho con la sabiduría y la seducción que sólo permite muchos años de vivir la milonga la atrapa. Ella, antes soberbia, cae deslumbrada ante la evidencia, Es la confrontación entre experiencia y juventud, madurez y desenfado, el tango a plomo y el acrobático. Una vez más lo esencial se impone naturalmente. Gran interpretación con economía de recursos. Pura expresión, sanguínea, pasión contenida. Quizás este sea uno de los cuadros que mejor representan cierto tipo de tango que no muchos no se atreven a mostrar.

 

Vuelve el tango vocal con Sandra Cabal cantando uno de los clásicos que recuerdan a la malograda Susy Leiva: “Frente al Mar”, llevada con convicción y fuerza.

 

Rompiendo el hielo Mayoral y Elsa María reaparecen con su versión de “Quejas de Bandoneón” aprovechando esa vertiente pícara de Héctor que lo lleva hasta ensañarse tirándole ganchos “esto es para que aprendas quién es el que manda aquí” a lo que Elsa contesta con miradas “sobradoras”. Mayoral le pone un poco de “mugre" a su tango. Lo hace más caliente, más cerca de los orígenes.

 

Segunda aparición solista de Diego y Natalia. Esta vez el es el “Gallo Ciego” del corral y ella la gallina codiciada y atacada amorosamente. Técnica y expresivamente perfecto. Así bailan estos chicos el tango de Agustín Bardi “caballito de batalla” de los bailarines pugliesanos.

 

La orquesta que sigue allí y en el soporte de todo aparece otra vez con una magnífica versión de “Payadora” de Julián Plaza. Al finalizar la orquesta vuelve a escucharse la característica melodía del Bandoneón y La Noche, tres parejas pasan a través del cuerpo de La Noche, se regeneran y brindan una exhibición con el tango de la resurrección, ese tango no podía ser otro que “La Cumparsita”.

 

Un violín con aire gitano preanuncia el clásico “Celos”. Aquí el lucimiento está a cargo delvirtuosismo de Miguel Bertero. No hay duda que cumple con creces la exigencia técnica yexpresiva del tema de su colega Jacob Gade.

Carlos e Inés Bórquez vuelven a sacudir la escena con una versión al límite de la sobreactuación con “Felicia”. También incorporan el humor y esta vez ella se revela con una soberana bofetada .

 

“Adiós Nonino” es el próximo número a cargo de la orquesta. Este es el punto de máximo lucimiento de Fernando Marzán que realiza un bellísima introducción a la que sigue los fraseos arrastrados del bandoneón de Lisandro, ellos presentan el tema, la orquesta arranca con una gran fuerza sin perder el gran “lirismo” de Astor Piazzolla. Buena labor de los teclados de Elisa Muñoz como soporte de las cuerdas. Promediando el tema vuelve el gran protagonista, Fernando Marzán, inspirado, casi chopiniano, ofrece más de su talento para llegar a un final a toda orquesta chorreando Piazzolla por los poros.

 

Sigue Piazzolla pero esta vez con una frenética versión de “Libertango” que Guillermo y Cecilia dramatizan con su baile. Si Bram Stoker bailara tango su versión de “Drácula” estaría muy cercana a esta. Guillermo adopta su rol vampiresco, todo su cuerpo está cargado de esa seducción pálida y penetrante, Cecilia, como autómata, se rinde hipnotizada por otro mundo. Un renglón aparte para la puesta de luces que viste la palidez y las sombras temerarias en los cuerpos de los bailarines. Todo es frenesí, posesión, ingravidez. Impacta la exacta interpretación y la variedad técnica para llegar a este Piazzolla complejo.

 

Después de todos los “exorcismos tanguísticos” el Bandoneón y la Noche consuman su unión. Ella ilumina con su vestido plateado la oscuridad de él. Esta fantasía va pasando apasionadamente ante los ojos de los espectadores. Al fin son uno… Ella se desliza finalmente hacia su definitivo destino, ese primigenio bandoneón que la sedujera desde el principio. Hubo que consumar varios matrimonios para que ellos lograran su unión.

 

En la continuidad Carlos Morel cuenta la misma historia escrita por Horacio Ferrer, porque bien podría asimilarse una con otra. Al fin y al cabo “el loco y su amada” y “el bandoneón y la noche" son personajes podrían entrar en una antología del tango. La interpretación de la “Balada Para un Loco” de Ferrer‑Piazzolla es justa. Es esta una obra que ha dado lugar a los cantantes a sobreactuarla hasta el hartazgo, Carlos Morel es afinado, medido en su expresión, sobrio en su gestualidad.

 

Esta historia concluye, pero el final queda abierto y nada mejor que “Lo que Vendrá” para dejar a cada uno el futuro en sus manos. Toda la compañía demuestra que el futuro promete…

 

VOLVER AL FUTURO

 

Volviendo a Buenos Aires sabía que este espectáculo recién comenzaba. Las críticas y el público lo llevaron a un rotundo éxito, del cual cómo es habitual, nadie parece enterado. Llegar a Ezeiza es aterrizar en la nulidad. Volver a explicar lo que pasa afuera con nuestros artistas y la escasa difusión que tienen. Seguramente “Forever Tango” llegará a Broadway y a muchos otros lugares del planeta y algún día un “iluminado” lo descubrirá…

Para los que vivimos esta “patriada” será inolvidable!

  LuisTarantino  (1995)